jueves, 27 de marzo de 2008

PRIMEROS ESTUDIOS MUSICALES

Allá por el año 1987 mis padres me anotaron en una academia de música que quedaba cerca de casa. El profesor que enseñaba se llamaba Hernando Castro y era un hombre muy bueno a quien le tomé mucho afecto.

Él fue quien me enseñó las primeras nociones de teoría y solfeo y me inició en el aprendizaje del teclado. Al comienzo, practicaba tocando el acordeón porque mis padres no tenían plata para comprarme un órgano electrónico; pero ni bien pudieron hacerlo, avancé mucho más en mis estudios. (Aún conservo ese primer instrumento)

Acá les dejo (porque también me grabé tocando el órgano) una partecita de la canción de Stevie Wonder: “I just call to say I love you” (nunca un tango o folclore, jaja) con varios errores de acordes pero bueno: “Era lo que había…”


2 comentarios:

Anónimo dijo...

Que loco! Yo también me inicié tocando en el acordeón de mi papá!! En realidad, me mandaron a estudiar dibujo, pero yo a escondidas le pedí a la profe que me enseñe piano (era la misma profesora).
Practicaba con el acordeón sobre las piernas, accionaba el fuelle con los pies, y el teclado me quedaba de frente, bien cómodo.
Qué linda coincidencia!
Solo que yo no guardo mi primer órgano. Era un CASIO CT606, hoy antiquísimo, que le costó a mi papá 8003 Australes!! Juan

Anónimo dijo...

Morocho...

Después de varios días sin pasar por aquí, con grata sorpresa sólo puedo decir una palabra acerca de todo lo que leído y oído:

IN.CRE.Í.BLE.

Creo que tu genialidad, tu magia y tu creatividad no tienen límites.

Si bien no conocía tantas facetas de vida artísitica, ha sido más que gratificante semejante hallazgos.

Adoré tus recreaciones de los episodios televisivos... jajaja... ¡Cuánta inventiva!

Y qué decir de las extrañas aventuras de los pitufos... magistral.

Coincido con muchos de tus lectores en tus cualidades innatas para el liderazgo... jejeje; sin embargo así se te quiere.

Bueno, Morocho, como ya te dije una vez, decir algo más sería ya pleonasmo.

Te admiro y mucho. Lo sabés.
Un abrazo inmenso, Martín.

P/D: Gracias por acordarte de mi natalicio... jejeje